jueves, 8 de enero de 2009

Declaración de intenciones

Al igual que cuando coincides con un desconocido en un ascensor, las primeras palabras son a veces difíciles y no siempre acertadas. Este es un caso similar, solo que aquí no es probable que sea la otra parte la que decida romper el hielo y por supuesto queda prohibido hablar del tiempo. No trato de ser original ni mucho menos, solo de transmitir la realidad tal y como la veo, y para mí la realidad, la vida, se basa en el dialogo y en la conversación.

¿Qué serían los recuerdos, sin la voz de las personas que forman parte de ellos? Bajo mi punto de vista no serían recuerdos, sería un álbum de fotos o una postal de aquel magnífico viaje, pero la esencia de lo que vivimos se encuentra en nuestra capacidad de comunicarnos, de enriquecernos de lo que otras personas nos puedan contar o le contemos nosotros.
Seguro que si nos paramos a recapacitar, y pensamos en muchas de las frases, coletillas y demás expresiones que utilizamos al hablar nos daremos cuenta que rara vez son una ocurrencia propia. Sencillamente un día la escuchamos y decidimos que merecían formar parte de nuestro vocabulario.

Por eso me encanta la conversación, porque la buena conversación te hace pensar y te ayuda a conocerte mejor, te hace sacar lo mejor y lo peor que llevas dentro y te permite indagar en el interior de las personas con las que hablas. Por supuesto esta pasión por hablar sin casi poder parar ha sido una constante en mi vida, pero solo fui consciente del poder y la valía de esta cuando llegó a mis manos un libro titulado La importancia de llamarse Ernesto. Yo nunca fui un gran lector, y de hecho no lo soy, pero cuando llegó a mis manos este libro no pude evitar terminarlo con cierta brevedad. No es una novela, es una obra de teatro, o lo que es lo mismo, una gran cantidad de diálogos entre una serie de personajes. Lo que me atrapó de este libro fue la inteligencia de los diálogos, el lenguaje con doble sentido, la fina ironía y el genio que cada frase contenía. Ni que decir tiene el valor que la figura de Oscar Wilde tomo para mí desde entonces, y si por algo era conocido, precisamente fue por su conversación cautivadora, inteligente y siempre mordaz.

Ni mucho menos me comparo con él, o trataré de emular sus formas, simplemente quería explicar que te lleva a invertir parte de tu tiempo en escribir, al menos en mi caso. Al fin y al cabo por algo hay que empezar, y para ser la primera entrada tampoco quiero poner el listón muy alto.

¿ De qué se va a hablar en este blog?
Ojalá lo supiera, eso haría las cosas más fáciles, pero acaso cuando vas a tomar café con algún amigo preparas el tema del que vais a tratar, es más, ¿Sabéis de que vais a hablar? Siempre hay que dejar cabida a la improvisación y a un cierto carácter sorpresa. Uno puede tener una ligera idea de lo primero que va a comentar, pero no puede saber lo que pasará después, si todo fuera tan previsible, podría ser aburrido. Yo no soy un informador, soy un conversador, por eso puedo tratar distintos temas y desviar la conversación según considere oportuno. De modo que abordaré todo tipo de materias y por supuesto haré recomendaciones, como a cualquier persona con la que pudiera hablar. Es posible que sea difícil, pero siempre que pueda recomendaré una canción o disco, un libro y una película.
Hablaré sobre la sociedad, sobre actualidad, pero generalmente serán hechos que me vayan ocurriendo en el día a día, desde mi particular punto de vista.

Tenía algo que decir y por ahora está dicho.

Canción: Where the streets have no name (U2)
Libro: La importancia de llamarse Ernesto (Oscar Wilde)
Película: La cortina rasgada (Alfred Hitchcock)

2 comentarios:

  1. Gran comienzo. Bienvenido a este mundo de dar y compartir informacion y opiniones. Seguro que lo aprovecharas muy bien. Ya estoy deseando que hagas otra entrada.
    Solo me queda decirte que tengas mucha suerte.

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